OPINI�N
�frica:
�Viagra o malaria?
La Vanguardia - 03:15 horas - 17/06/2000
Mientras unos nos entristecemos porque nuestro equipo ha perdido el campeonato o la
lluvia no nos deja ir a la playa este fin de semana, setecientos millones de personas
viven en condiciones infrahumanas, enfermos, sin comida y, lo que es peor, sin esperanza.
Son los m�s pobres entre los pobres, y se concentran en pa�ses geogr�ficamente c�lidos
y tropicales. Y es, precisamente, la geograf�a la que explica una parte de sus muchos
problemas: al tener un clima distinto, estos pa�ses se enfrentan a problemas radicalmente
diferentes, por lo que no pueden limitarse a "copiar" lo que hacemos los ricos.
Un ejemplo iluminador nos lo da el problema de la salud. La malaria, la tuberculosis y las
variantes africanas del sida matan anualmente a cinco millones de personas. Poblados
enteros son barridos cada a�o por estas tres enfermedades ante la indiferencia de la
comunidad internacional. Adem�s de la tragedia humana, las consecuencias econ�micas de
todo ello son devastadoras. El sida mata a los trabajadores m�s j�venes y productivos.
La reducida esperanza de vida (que no llega a los 50 a�os) elimina los incentivos a la
educaci�n. En pa�ses como Etiop�a, las tierras f�rtiles con agua abundante no son
utilizadas al estar plagadas de mosquitos que transmiten la malaria, lo que obliga a la
gente a emigrar a zonas m�s �ridas, y cuando hay una sequ�a como la de este a�o, los
muertos de hambre se cuentan por millones.
A pesar de la gravedad de la situaci�n, los recursos dedicados a desarrollar vacunas o
curas para estas tres enfermedades son pr�cticamente nulos: entre 1975 y 1997 se han
patentado en el mundo 1.233 productos farmac�uticos, de los cuales solamente 13 eran para
enfermedades tropicales.
�Por qu� no se hace investigaci�n sobre un problema que afecta a tanta gente? Una
explicaci�n es que estos pa�ses no se pueden aprovechar de tecnolog�as desarrolladas
por y para los ricos (en Europa y Estados Unidos no hay malaria, casi no hay tuberculosis
y las variantes del sida que nos afectan son distintas). Por otro lado, los potenciales
"clientes" de dichos medicamentos son muy pobres y, aunque se acabase
descubriendo una vacuna, no podr�an pagar el precio de compra. Finalmente, la industria
farmac�utica sabe que si acaba encontrando la vacuna contra la malaria, va a recibir
fuertes presiones internacionales por parte de las ONG para que las "regalen".
Antes de enfrentarse a una situaci�n que les resultar�a ruinosa, dichas empresas
prefieren dedicar sus recursos cient�ficos a solucionar los problemas m�dicos de los
ricos, como la disfunci�n er�ctil, con lo que la Viagra se inventa antes que la vacuna
contra la malaria... y los africanos siguen muriendo miserablemente.
El profesor Michael Kremer, de la Universidad de Harvard, ha propuesto una simple f�rmula
para solucionar todo este problema. Se tratar�a de que los gobiernos de los pa�ses ricos
se comprometieran a comprar un determinado n�mero de vacunas a precio de mercado para
luego regalarlas a los pa�ses pobres. Esto dar�a los incentivos necesarios a las
multinacionales farmac�uticas para que hicieran I+D en malaria o tuberculosis, ya que el
comprador ser�a un pa�s rico, con lo que las presiones pol�ticas una vez inventada la
vacuna ser�an menores o nulas. Esta soluci�n tambi�n permitir�a a los pobres acceder a
vacunas a precios reducidos o gratis, a la vez que garantizar�a al pa�s donante que no
deber�a desembolsar ni una peseta si antes no hay resultados m�dicos. Otra ventaja es
que, al donarse vacunas y no dinero, se evitar�a el problema principal que tienen las
donaciones monetarias y es que los gobiernos de muchos de los pa�ses receptores tienden a
gastarse lo recibido en comprar armamento, cosa que no hace m�s que empeorar la
situaci�n. En este sentido, Etiop�a vuelve a ser un tr�gico ejemplo de esta perversa
utilizaci�n de recursos, al reemprender su absurda guerra con Eritrea, justo cuando
millones de sus ciudadanos mueren de hambre en la �rida frontera somal�.
Los problemas que se podr�an solucionar con esta estrategia no se limitan al campo de la
sanidad. Por ejemplo, una de las autoridades en biotecnolog�a africana, Calestous Juma,
afirma que existen docenas de plantas que se podr�an modificar gen�ticamente para que
fueran m�s resistentes a las sequ�as y las constantes inundaciones que caracterizan la
climatolog�a tropical. Los pa�ses ricos podr�an, pues, incentivar este tipo de
investigaci�n a base de comprar el producto final. Ser�a una primera contribuci�n a la
eliminaci�n de las hambrunas que tan a menudo plagan el continente negro.
En Estados Unidos ya se han dado los primeros pasos. El presidente Clinton acaba de
proponer al Congreso la aprobaci�n de una partida de 180.000 millones de pesetas con el
objetivo de comprar vacunas para pa�ses pobres. El presidente del Banco Mundial, James
Wolfesohn, habla de donar una cantidad similar. El Gobierno espa�ol podr�a convertirse
en el l�der europeo de ayuda humanitaria y comprometerse a comprar a la empresa
biotecnol�gica que la invente unos miles de toneladas de semillas de alg�n cereal que
tenga elevada productividad en un entorno �rido, semillas que luego ser�an donadas a
pa�ses tropicales pobres para que las utilizaran en sus cosechas. El Gobierno espa�ol
ganar�a en imagen, no desembolsar�a ni un duro si no hubiera resultados, y si los
hubiera, se podr�an aprovechar tambi�n en las zonas m�s �ridas de Espa�a.
De momento, a los africanos no les podemos garantizar la salud, pero les podemos devolver
la esperanza.
XAVIER SALA I MART�N, profesor de Econ�micas de la Columbia University
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