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| El mundo y sus urnas |
| Manuel Conthe |
11:52 Horas | |
| Hace unos meses tuve la suerte de participar en
las Jornadas sobre Globalización de Caixa Manresa, a las que dio
gran notoriedad la presencia de Joseph Stiglitz, acerbo crítico de
la globalización que, a su juicio, han promovido el Fondo Monetario
Internacional y el Tesoro americano. Tuvo, en cambio, menos
repercusión pública la intervención de Xavier Sala-i-Martin,
conocido economista catalán que, acendrado liberal, profesor en la
Columbia de Nueva York y en la Pompeu Fabra de Barcelona, habló en
tono optimista sobre la evolución histórica de la pobreza en el
mundo. |
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Las ideas que expuso se contiene en su
reciente estudio The World Distribution of Income (publicado en
mayo por el National Bureau of Economic Research, puede encontrarse
en la página de la Universidad Pompeu Fabra ). Xavier Sala comienza
estimando la distribución de la renta en el mundo mediante un método
nuevo. En vez de calcularla –como hacen otros investigadores- a
partir de la renta media por habitante en cada país –esto es, de un
dato único por país-, Sala calcula primero la distribución de la
renta dentro de cada país, es decir, estima el número de ciudadanos
de ese país en cada nivel de renta. Estimadas esas curvas país por
país, las suma todas, lo que arroja como resultado la distribución
de la renta de la población mundial. Con ese método los países dejan
de jugar un papel relevante y el gráfico resultante muestra el
número total de personas en el mundo que hay en cada nivel de
ingresos, haciendo abstracción del país donde viven. Como el propio
Sala señala, “su unidad de análisis no es el país, sino la persona”,
a las que considera, pues, “ciudadanos del mundo”.
Pues bien,
tras estimar así la distribución mundial de la renta, pasa a
analizar cómo esa distribución ha evolucionado desde 1970. Y de ese
análisis saca conclusiones optimistas, que contrapone a la
desoladora y frecuente tesis de que la pobreza en el mundo ha
aumentado en las últimas décadas. A juicio de Sala, por el
contrario, el número de personas por debajo del umbral de pobreza
extrema (cifrado habitualmente en unos 1000 dólares al año, esto es,
unos 2 dólares al día medidos de forma constate y en paridad del
poder adquisitivo) ha disminuido en unos 450 millones de personas en
las tres últimas décadas. La razón está en el significativo
crecimiento económico alcanzado por los países asiáticos más
poblados (sobre todo China, India e Indonesia), que representan un
elevado porcentaje de la población mundial. Sala reconoce que esa
optimista conclusión global debe atemperarse con otras más lúgubres:
así, en 1998 el número total de personas que todavía sufría pobreza
extrema era de casi mil millones; además, la población del Africa
Subsahariana en esa situación ha aumentado en 227 millones de
personas, de forma que esa región del mundo alberga ahora el 66% de
todos los pobres del mundo (frente a tan sólo el 11% en 1970),
nefasto resultado atribuible en gran parte al empobrecimiento de
Nigeria, el país más poblado de la región. Finalmente, la pobreza en
América Latina disminuyó con rapidez y fuerza en la década de los
70, pero en las dos últimas décadas ha vuelto a crecer en términos
absolutos. “La cuestión central para los economistas interesados por
el bienestar humano es cómo lograr que Africa crezca”,
concluye.
Recuerdo que mientras escuchaba tan cautivado como
el resto de la audiencia las palabras de Xavier, comprobé que la
vistosidad y el colorido de su oratoria corrían parejos al de sus
legendarias corbatas (por no hablar de su homepage). Más en serio,
pensé también que la razón por la que sus conclusiones sobre la
pobreza en el mundo, considerado éste como un todo, resultan
llamativas y polémicas –el optimista resultado sobre el todo casa
mal con la desoladora situación de uno de sus partes, Africa- guarda
un lejano parentesco con una paradoja estadística todavía más
extrema sobre la relación entre el todo y sus partes, que suele
ilustrarse mediante un problema de bolas y urnas.
Elección de
urnas
Imaginemos que a un concursante se le ofrece un premio
si consigue sacar bola blanca en tres pruebas consecutivas. Para dar
más emoción, en cada prueba el jugador deberá elegir una urna de
entre dos posibles. En la primera prueba, se le da a elegir entre la
urna A -en la que hay 9 bolas blancas y 15 negras- y la B –en la que
hay 2 blancas y 4 negras-. ¿Cuál eligirá? Parece obvio que la A,
pues en ella la probabilidad de acierto es mayor (a saber, 9/23
frente a 2/6).En la segunda prueba deberá elegir entre la urna C
–que contiene 3 bolas blancas y otras 3 negras- y la D –en la que
hay 11 blancas y 13 negras-. ¿Qué urna elegirá? Lo lógico ahora será
que escoja la C, pues en ella la probabilidad de acertar es del
50%.(frente a 11/24 en la D). Hasta aquí no hay paradoja alguna.
Ahora bien, para la tercera prueba el presentador del concurso
mezcla, por un lado, el contenido de las urnas A y C y, por otro, el
de las urnas B y D. El concursante tendrá ahora que escoger una de
esas dos urnas combinadas antes de sacar bola por tercera y última
vez. ¿Qué urna deberá elegir esta vez: la primera (esto es, la A+C)
o la segunda (B+D)?
A B C D A+C B+D Bolas blancas 9 2 3 11
12 13 Bolas negras 15 4 3 13 18 17
La situación se resume
en el cuadro adjunto. El problema de elección entre urnas podría
también plantearse en términos del estudio de Xavier Sala: si “sacar
bola blanca” equivale a ser rico y “bola negra” a ser pobre, y si
las urnas representan países hipotéticos que podemos escoger para
nacer, ¿qué países elegiríamos? ¿Y si los países A y C se unen, al
igual que B y D? Puesto que en las dos primeras ocasiones escogimos
A y C (frente a B y D, respectivamente), parecería lógico que, al
tener ahora que elegir entre combinaciones, elijamos la combinación
A + C (frente a B+D). ¿Es cierta esa intuición, a tenor de las
cifras? Si no lo es, ¿no es paradójico ese resultado? Si fuera
cierta esa paradoja ¿qué nombre darle? ¿Tendría acaso alguna
aplicación en el mundo real? Desafío hoy a los internautas que
siguen esta columna a que me hagan llegar sus conjeturas y
respuestas (y, si leen en inglés, a que me pidan bibliografía),
antes de que desvele el misterio en la próxima
columna.
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