GEOGRÁFICA MEXICANA.
221
CAPITULO XIL
Escritura jeroglífica. Elementos figuratívos de los nomhres geográficos mexicanos,
sú composición, prefijos y terminaciones.
No es este el lugar para tratar de los principios
generales que forman la eseritura jeroglífica de los
antiguos mexicanos, materia escrita de mano maes¬
tra por el historiador Manuel Orozco y Berra, por
desgracia poco conocido en el mundo científico. Pe¬
ro entrando en el asunto de esta obra, en lo que se
refiere á los nombres geográficos, la eseritura en
lo general es figurativa y se forma en sus más sen-
cülos elementos de un substativo que hace de pre¬
fijo, y de un subfijo que le sirve de terminación.
Por ejemplo: Xochitepec, se escribe por medio del
signo Xóchitl, flor, y de la final tepec, expresada
por un cerro; Xochiealco debió escribirse con una
flor sobre una casa, para diferenciarse de su sinó¬
nimo anterior. Puede el prefijo componerse de
dos nombres eomo en Xoehimüeo, escritos por
medio de los dos signos siguientes: xoehitl, flor, y
müli, tierra cultivada; un lugar que tiene muchas
flores, Xochitla, se expresa por medio de una flor
y de la final tía, escrita por medio de una hilera
de dientes; el sitio habitado puede ser más peque¬
ño que Xoehimüeo, entonces para expresar el di-
*minutivo se usa la final tzinco, que se expresa por
la mitad inferior del cuerpo humano, quedando
Xoehimüeatzincü.
Los prefijos son más variados y abundantes que
las terminaciones; dan el significado del nombre,
su especie, y la terminación expresa el género; de
aquí resultó de un modo sistemático una nomen¬
clatura tal vez la más filosófica y regular de todas
las lenguas americanas.
Desde la más senciüa expresión figurativa has¬
ta la escritura ideográfica, la más ingeniosa, se
pueden recorrer nombres que representan las cua¬
lidades topográficas del terreno, de los animales
que lo pueblan, de los árboles y plantas que cre¬
cen en su región, de las tierras, minerales, y hasta
metales y piedras preciosas que contienen; de las
tribus ó razas que lo habUan, y por último, de las
deidades, ceremonias y fiestas religiosas de su
culto.
La representación de los nombres comenzó por
ser una pintura figurativa, sin sombras ni apropia¬
dos contornos, pero si reconocibles figuras; pa¬
ra hacerla cursiva ó fácil fué preciso abreviarla, é
insensiblemente Uegó á ser primero polisilábica y
después silábica propiamente dicha. Tototepee,
compuesto de cuatro sflabas, se expresó por me¬
dio de dos signos, una ave, tototl, y la final tepec,
expresada por un cerro. A-pan-eo, se encuentra
escrito por medio de tres signos que expresan sus
tres süabas: atl, agua, pan tli, bandera, y comill,
olla, que al juntarse para formar la palabra pier¬
den sus finales por las reglas de composición.
Pueden verse en el atlas numerosos ejemplos de
esta eseritura süábiea.
Cuando el conquistador Hernán Cortés llegó á
México, la eseritura jeroglífica estaba en un perío¬
do de evolución importante; los signos figurativos
se cambiaban en silábicos, y éstos comenzaban á
transformarse en letras; ya se escribía la vocal a,
por medio del signo atl, agua; la e, por medio de
etl, frijol, la o, por otli, camino, pintado por dos
líneas paralelas conteniendo huellas humanas. De
aquí hubieran tomado los mexicanos su alfabeto
como los hebreos de sus primeros signos figura¬
tivos.
En la parte ideográfica, la eseritura mexicana
hegó á su más alto grado de ingeniosa represen-
tación*
Para concluir, la eseritura jeroglífica mexicana
no se componía de logogrifos ó de adivinanzas eo¬
mo se cree todavía en Europa; seguía la evolución
natural del mismo lenguaje hacia su más perfecto
|