Guerras púnicas
Tres conflictos, en los siglos III y II a.C., entre Roma y Cartago (ciudad púnica, del latín punicus y este del griego phoinikos, es decir, “fenicio”). El objetivo era la hegemonía sobre la cuenca mediterránea central y occidental. La Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) comenzó en Sicilia y más tarde se extendió hasta las costas africanas. Ambos bandos sufrieron grandes pérdidas, pero tras 23 años de agotadora guerra Roma salió victoriosa y Cartago renunció a Sicilia y se vio obligada a pagar un cuantioso tributo a Roma. Cartago luego emprendió una política expansionista para anexionarse territorios ibéricos. La Segunda Guerra Púnica (218-202 a.C.) se desencadena cuando Roma usó como pretexto un ataque cartaginés contra la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, para declarar la guerra. Aníbal respondió con su famosa invasión de Italia, cruzando los Alpes con un enorme ejército (y un número desconocido de elefantes) que había marchado por tierra desde Cartago Nova en la costa oriental de Iberia. A pesar del gran peligro, los romanos vencieron otra vez y expulsaron a los cartagineses de Iberia; Cartago se vio reducida a un pequeño territorio en el norte de África. La Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C.) culminó en la destrucción total de la ciudad de Cartago y la anexión de su territorio a Roma. De nuevo los romanos habían buscado un pretexto para la guerra; esta vez supieron atacar a los cartagineses en un momento de verdadera debilidad.

