arabismos
Las numerosas contribuciones léxicas del árabe al castellano son notorias. (Las otras lenguas de la península, como el portugués y el catalán, también conservan gran número de ellas.) El español moderno tiene más de 3,000 palabras que provienen del árabe, muchas de ellas muy comunes. No hay evidencia de que el árabe tuviera ninguna influencia en la pronunciación del castellano ni tampoco en la gramática. La vasta mayoría de los préstamos léxicos son sustantivos, con unos pocos adjetivos, algunas expresiones sueltas como ojalá (del árabe insha’ Allah, “quiéralo Dios”) y una preposición, hasta (de hatta). Hay que recordar que el castellano no se hablaba en zonas árabes, sino que es el dialecto que correspondía al antiguo condado cristiano de Castilla, en el centro-norte de la península. Es poco probable que hubiera muchos hablantes de castellano que fueran bilingües en árabe. (Tal no sería el caso, en cambio, en las zonas de Al-Ándalus donde permanecieron comunidades minoritarias de hablantes de dialectos romances).
Habría básicamente dos razones para la adopción de palabras del árabe en los reinos cristianos: (1) la necesidad de hablar de objetos y conceptos novedosos, introducidos por los árabes en la península ibérica y (2) la cuestión del prestigio cultural, cuando ya existía una palabra correspondiente en castellano para un concepto dado. (En estos casos, resultaría más prestigioso utilizar una palabra árabe en vez de una romance.) Los campos semánticos de estos préstamos son diversos: la agricultura y la tecnología agrícola (naranja, limón, albaricoque, zanahoria, arroz, aceituna, azúcar, noria, acequia, etc.); la ciencia (alambique, almanaque, cero, cifra, nadir, álgebra, alcohol, etc.); la vida militar (alcázar, atalaya, jinete, rehén, adarga, tambor, etc.); las instituciones civiles (alcalde, alguacil, alcabala, tarifa, celemín, etc.); la arquitectura civil (alcántara, zaguán, alcoba, azotea, tabique, albañil, azulejo, etc.); la artesanía (alfombra, almohada, alhaja, azabache, marfil, etc.); y los pasatiempos (ajedrez, laúd, naipe, etc.), entre otros. Asimismo, el gran número de topónimos de origen árabe (Guadalajara, Guadalquivir, Gibraltar, Jaén, Badajoz, etc.) son testimonio de la larga presencia de hablantes del árabe en la península.
Muchos de los sustantivos en castellano, como alcachofa, alcalde, etc., conservan el artículo definido del árabe, al. El hecho de que los castellanohablantes conservaran el artículo hace pensar que hubo poco bilingüismo ya que no distinguían el papel gramatical de al ni lo percibían como una palabra independiente del sustantivo: se dice algodón (de al qutun) y no *cotón. (La introducción de sustantivos extranjeros es una de las innovaciones lingüísticas más fáciles y no requiere ninguna familiaridad íntima con la lengua que sirve de fuente para la nueva palabra; compárense palabras como pizza, vodka, o kamikaze.)
La profundidad de la influencia árabe en la lengua española suele exagerarse en la mitología popular. La naturaleza de los abundantes arabismos léxicos en el castellano refleja la realidad de que, por una parte, una significativa frontera política y cultural dividía a los castellanohablantes de los musulmanes de Al-Ándalus durante la mayor parte de su historia en la Edad Media. Por otra parte, estos préstamos también indican el enorme prestigio de la cultura andalusí frente a la de los reinos cristianos del norte.

