La obra de Doménikos Theotokópoulos —"El Greco"— se considera emblemática de la Contrarreforma. Conocido sobre todo como pintor de temas religiosos y eclesiásticos, El Greco trabajó durante la segunda mitad de su vida en la ciudad de Toledo, la sede más importante de la Iglesia en España. El grueso de su producción responde al impulso que la Iglesia pos-tridentina (o sea, posterior al concilio de Trento) dio a la creación de arte religioso, sobre todo de imágenes que servían como objetos de devoción: cuadros de santos, de la Virgen y de episodios de la vida de Cristo.
El nombre por el que se le conoce popularmente, El Greco, es un mote que refleja las distintas etapas de su biografía. Nació en la isla griega de Creta en 1541, donde empezó su carrera como pintor, produciendo iconos, los típicos retratos objeto de devoción que se encuentran en las iglesias ortodoxas. A finales de la década de los sesenta, pasó a Venecia, que en ese momento gobernaba Creta, y luego a Roma en 1570. Es en esta época que presumiblemente recibió su mote, ya que greco es italiano para "griego". En Italia produjo sus primeras obras de importancia y su estilo muestra la influencia de pintores venecianos como Tintoretto. Miguel Ángel fue otra influencia importante. Siete años más tarde llegó a Toledo, donde residió hasta su muerte en 1614. (Su estancia en España es el origen del artículo definido El en "El Greco", nombre por el que es hoy conocido internacionalmente, aun en Italia).
El Greco fue un pintor insólito por su estilo particular e inconfundible; éste responde a las tendencias estéticas de finales del siglo XVI, según las cuales los artistas empezaban a romper con los modelos de principios de siglo, desarrollando un marcado individualismo. Esta tendencia en las artes plásticas suele denominarse manierismo, término que se aplica al rechazo del típico estilo neoclásico del Renacimiento que buscaba armonía y equilibrio y se inspiraba directamente en modelos grecorromanos. Los manieristas, en cambio, consiguen el dramatismo mediante la exageración de ciertos rasgos y el empleo de fuertes contrastes. Pueden considerarse los precursores del llamado estilo barroco, tema que se explorará con más profundidad en el Capítulo 7. El estilo de El Greco se caracteriza por una llamativa artificiosidad. Las figuras humanas se deforman para producir una notable elongación longitudinal. En muchos cuadros emplea el claroscuro (it. chiaroscuro), el contraste entre luces y sombras, con gran efecto dramático. Utiliza a menudo colores intensos, con una preferencia por los primarios (rojos, azules, amarillos, verdes). No se esfuerza en esconder las pinceladas, ya que no se trata de crear un ilusionismo perfecto sino de mostrar que es una obra de arte —el producto del artificio—. Estas tendencias serán aún más pronunciadas en su obra tardía.
El cuadro arriba, conocido como Fábula (implicando que puede tener algún sentido alegórico), es de 1577-79, sus primeros años en España. Muestra ya algunos rasgos de su estilo maduro. Nótese sobre todo el efecto del claroscuro y las pinceladas. (El posible valor simbólico de los distintos elementos no está claro, aunque puede referirse al vicio: el mono es a menudo símbolo de la lujuria; la cadena y el fuego también pueden referirse al vicio; y el hombre a la derecha parece ser una figura cómica, quizá una especie de pícaro o un loco, otro posible símbolo del vicio o del engaño.)
Los dos primeros cuadros a la derecha, La dama del armiño y San Sebastián, suelen fecharse entre 1577 y 1580. No muestran la distorsión típica de los cuadros más tardíos. (La robusta figura de San Sebastián recuerda la pintura de Miguel Ángel.) De la década de los ochenta es su cuadro de Jesucristo llevando la cruz. Aquí empieza a notarse la típica elongación de la figura humana.
El siguiente cuadro, El entierro del Conde de Orgaz, de 1586-88, es acaso su cuadro más famoso. Representa la visión celestial que supuestamente acompañó el entierro de un noble toledano del siglo XIV quien fue un gran mecenas de la Iglesia. Dos santos, San Agustín y San Esteban, aparecieron milagrosamente para enterrarlo. (San Agustín está a la derecha, con la mitra de obispo y San Esteban a la izquierda.) Un ángel en el centro del cuadro lleva al alma del fallecido (representado como un infante) a los cielos. El Greco divide el cuadro en dos grandes zonas: la de la tierra, en la que predominan los colores oscuros, menos en las caras y en la ropa de los dos santos, y la del cielo, en la que predomina la luz. Las dos zonas están conectadas visualmente por la ropa del ángel y las miradas de los señores abajo. Se supone que los retratos abajo son de nobles toledanos de la época de El Greco y que uno de ellos es el propio pintor (la siguiente imagen). El naturalismo de la zona "terrestre" es notable; el cielo, en cambio, parece marcadamente más estilizado.
El retrato del poeta Ercilla (autor de La araucana, lectura del Capítulo 6) es de la década de los noventa. Lleva una corona de hojas de laurel, símbolo de la poesía. El Greco hizo un buen número de retratos, la mayoría de los cuales se habría hecho por encargo. Sus retratos de personajes contemporáneos no suelen mostrar la distorsión que se observa en los cuadros religiosos. |
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