Capítulo 6: El auge de un imperio global (siglo XVI)

El Palacio de Carlos V en la Alhambra

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El complejo palaciego de la Alhambra es uno de los monumentos históricos más espectaculares de la Península Ibérica. Los incontables turistas que visitan el lugar vienen atraídos lógicamente por los maravillosos edificios del palacio árabe, cuyas estructuras suntuosamente diseñadas representan la culminación del estilo arabo-andalusí y pueden verse en cierto sentido como una desafiante respuesta artística a la expansión cristiana del siglo XIII que se hizo con las ciudades más importantes y más prósperas de Al-Ándalus excepto Granada. Dada la extrema belleza de las construcciones árabes de la Alhambra, no sorprende que muchas personas pasen por alto otro monumento del lugar construido una generación después de la conquista de la ciudad, y ello a pesar de su gran tamaño y situación dominante dentro del complejo: el palacio renacentista de Carlos V, obra del pintor y arquitecto Pedro Machuca (c. 1490 - 1550). Machuca recibió su formación en Italia donde conoció la obra de Miguel Ángel y la de Rafael y otros pintores de la última generación del Alto Renacimiento italiano. Volvió a España en 1519 donde trabajó principalmente como pintor antes de emprender, en 1527, su obra arquitectónica maestra, el palacio de Carlos V.

panorámica patio interior
patio palacio Carlos V

El palacio se sitúa estilísticamente en la vanguardia del arte renacentista. Se trata de un enorme edifico cuadrado de dos plantas con un gran patio circular perfectamente centrado. En conjunto este diseño realmente no tiene precedentes, ni en la arquitectura italiana ni mucho menos en la española. Se notan las huellas de ideas semejantes a las que rigieron el diseño de la obra más emblemática de Donato Bramante, el tempietto de San Pedro in Montorio en Roma —véase "Mecenazgo de los Reyes Católicos II”—, sobre todo en cuanto a la proporción (de matemática perfección) y la sencillez en la ornamentación. A diferencia del templete de Bramante, una pequeña estructura diseñada para contemplarse desde fuera, el palacio de Carlos V invierte este orden cuando entramos en el gran patio y contemplamos su redondez desde dentro. Se puede apreciar en parte el efecto de este gran espacio circular en las fotos a la izquierda y en la foto panorámica arriba. La segunda imagen a la izquierda es de la galería de la primera planta que rodea el patio. En ella se nota la sobriedad en la ornamentación, algo que contrasta con el estilo plateresco que dominaba en España a principios de siglo. (Véase “Mecenazgo de los Reyes Católicos I”.)

Como el interior, con su columnata dórica (en la primera planta) y jónica (en la segunda), la fachada exterior también muestra un refinado estilo neoclásico (es decir, en imitación de la antigüedad grecorromana), apreciable en las imágenes a la derecha. La parte inferior de la fachada responde estilísticamente a las innovaciones de la arquitectura florentina y romana de finales del siglo XV y la parte superior, con sus columnas jónicas, y las imponentes portadas en las dos fachadas principales, ejemplifican el neoclasicismo que reinaba en la arquitectura renacentista.

exterior palacio Carlos V
galería palacio Carlos V exterior palacio Carlos V
palacio Carlos V patio exterior palacio Carlos V
palacio Carlos V: vista de satélite panorámica exterior palacio Carlos V  

El palacio de Carlos V interesa también por la ideología que comunica. Para construirlo en el lugar que ocupa, hubo que derribar parte de los palacios árabes, pero es de notar que, en contraste con lo que ocurrió con la mezquita almohade de Sevilla, Carlos V mandó que se conservara la mayoría de los edificios musulmanes. (Las dos imágenes arriba dan una idea de su situación entre los demás edificios.) Por una parte, esta decisión indica quizás un sincero aprecio por los logros de los artistas árabes; por otra, refleja la ideología imperial que los propagandistas de Carlos V intentaban comunicar al resto del mundo. El palacio, haciéndose eco de la arquitectura imperial romana, domina las antiguas residencias de los reyes granadinos, y evoca la idea de conquista, ocupación y colonización que se asociaba con la expansión del Imperio Romano. También evoca la idea de la conquista del infiel, aunque debe notarse que no se trata de un edificio eclesiástico sino secular: tiene más que ver con el dominio político que con el religioso (si es que estas dos esferas pueden separarse).

A la muerte de Machuca el palacio quedó inconcluso y Carlos V nunca llegó a ocuparlo. Tampoco tuvo gran influencia en la arquitectura de su momento. En cambio, bajo Felipe II, el hijo de Carlos V, la arquitectura neoclásica experimentaría gran auge y estaría estrechamente vinculada a la ideología imperial de su reinado. Además, la obra cumbre de la arquitectura filipina, el palacio-monasterio de El Escorial, no se construye en una zona periférica sino en el propio centro geográfico de la península. (Véanse las “Lecturas” del Capítulo 6.)

     
cupula Alhambra

Con estas dos imágenes se puede tener una idea de la suntuosidad de los interiores de los edificios árabes de la Alhambra. A la izquierda, una cúpula con los complejos motivos geométricos típicos de la arquitectura andalusí tardía. A la derecha, los pasillos y columnas del “Patio de los Leones”, en cuyo centro está situada una fuente rodeada de doce estatuas de leones. (Las construcciones en yeso que parecen pequeñas estalactitas se llaman mocárabes.) La mayoría de los edificios del palacio árabe son obra del siglo XIV.

patio leones Alhambra
   

La pintura de Machuca también refleja la pronunciada influencia de innovaciones italianas. En su obra más famosa, el Descendimiento, por ejemplo, las formas humanas claramente responden al estilo renacentista de pintores como Leonardo o Rafael. El empleo del claroscuro (it. chiaroscuro), el contraste de luces y sombras, es propio de pintores de la generación siguiente, como, por ejemplo, Correggio. Este estilo supone una aproximación a la representación radicalmente diferente del arte de corte flamenco que predominaba en el siglo XV. (Véase “Mecenazgo de los Reyes Católicos I".)

Machuca: Descendimiento (1525)