Capítulo 6: El auge de un imperio global (siglo XVI)

Palacio-monasterio de San Lorenzo de El Escorial

(obra de Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera)

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El Escorial

El palacio de Felipe II, construido unos 45 kilómetros (28 millas) al noroeste de Madrid, la nueva capital permanente de España, es quizás la obra artística más emblemática de su reinado. Se construyó entre 1563 y 1584 como conmemoración por la victoria española en la batalla de San Quintín en 1557 contra los franceses.

Aunque fue diseñado por dos arquitectos, Juan Bautista de Toledo (m. 1567) y Juan de Herrera (1530-1593), se considera a este último el arquitecto principal, ya que Toledo murió cuatro años después de que se empezaran las obras de construcción y Herrera hizo importantes modificaciones en el plan original, ampliando el palacio y diseñando las emblemáticas fachadas y el interior de la basílica. (Basílica es una designación especial reservada para las iglesias más importantes, un privilegio conferido únicamente por el papa.) Además de palacio real, El Escorial es también un monasterio —originalmente jerónimo pero ahora agustino— dedicado a San Lorenzo y debe llamarse con propiedad “San Lorenzo de El Escorial”. (El Escorial es el nombre del pueblo donde se construyó; Felipe II lo dedicó a San Lorenzo por coincidir la batalla de San Quintín con el día de este santo.) El palacio constituye así una clara manifestación no sólo de la autoridad del Estado sino también del estrecho vínculo entre el monarca y la Iglesia: resulta ser uno de los más poderosos símbolos de la Contrarreforma en España.

Estéticamente, representa el triunfo del clasicismo del Renacimiento en su forma más austera. En el diseño dominan las líneas rectas que dan la impresión de una matemática precisión. Visto desde arriba (última imagen a la derecha), se puede apreciar el diseño global rectilíneo del palacio. El Escorial es un edificio masivo. Comunica visualmente la idea del poder, de la austeridad y severidad, de la inmovilidad y de la permanencia. Las piedras del edificio vienen de las montañas que dominan la ciudad y que se pueden ver en la tercera foto abajo, como si el palacio fuera una extensión de la propia montaña. Incluso los espacios abiertos, como la gran plaza de la tercera imagen, refuerzan la idea de lo masivo: a un lado las montañas, a otro, el enorme palacio.

El Escorial exterior. El Escorial exterior. plaza entrada* entrada* entrada* vista desde arriba

La entrada principal del palacio da a un gran patio en cuyo fondo se encuentra la entrada a la basílica (la primera imagen abajo), coronada por una gran cúpula. Con sus seis gruesas columnas dóricas —el orden de columna más sencillo y sobrio—, la fachada de la iglesia recuerda la gran fachada exterior (en la cuarta y quinta imágenes arriba). Los tres arcos de medio punto de la entrada son emblemáticos de la simplicidad clásica del estilo herreriano como llegó a designarse. Sobre la entrada a la basílica están ubicadas seis estatuas, representaciones de seis reyes del Antiguo Testamento. Los dos más importantes son David y Salomón, cuyas estatuas flanquean el arco central. Llama la atención la inclusión únicamente de figuras de las Sagradas Escrituras hebreas. La intención parece haber sido la de sugerir que de alguna manera Felipe II seguía la tradición de estos reyes, como líder de un pueblo “elegido de Dios". Irónicamente, setenta años antes del comienzo de la construcción del palacio, los bisabuelos de Felipe II habían expulsado a precisamente aquel pueblo cuyos antiguos reyes Felipe desplegaba en la fachada de su templo palaciego para simbolizar su propia hegemonía política.

Dentro de la basílica, la sencillez y austeridad de las formas arquitectónicas sigue predominando. La gran cúpula apenas ostenta ornamentación. Las bóvedas son de cañón (ing. barrel vault). En la bóveda sobre el altar hay frescos que añaden color al espacio, pero son obra de finales del siglo XVII. El gran retablo detrás del altar también fue diseñado por Herrera. Incorpora pinturas del artista italiano Pellegrino Tibaldi (1527-1596) y esculturas de Leone Leoni (1509-1590) y su hijo Pompeio (1533-1608), dos escultores que gozaron del patrocinio de los Habsburgo de España. La última imagen abajo es de la parte superior del retablo con el cuadro de Tibaldi que representa el martirio del santo patrono del monasterio: San Lorenzo, que, según la tradición, murió quemado por los romanos sobre una parrilla.

exterior basílica. David y Salomón (basílica). cúpula basílica. cúpula basílica. altar basílica. detalle retablo basílica
biblioteca Escorial

Se ha dicho tradicionalmente que el diseño para el monasterio está inspirado en el de una parrilla, instrumento del suplicio de San Lorenzo (véase la imagen a la derecha). Sin embargo, el propio Herrera nunca indicó tal inspiración.

El palacio no sólo representa el dominio político del rey. Felipe también pretendió que representara su dominio sobre los campos del conocimiento. Reunió la mayor biblioteca de España en El Escorial. (La imagen a la izquierda muestra la gran sala de la biblioteca, con frescos en la bóveda de cañon pintados por Pellegrino Tibaldi que representan las siete artes liberales.) También fundó un colegio de estudios superiores en El Escorial. Recuérdese que bajo Felipe II se prohibió el estudio en universidades extranjeras, menos algunas en Italia y Portugal.

parrilla Escorial

 

*Imágenes cortesía de Mary Anne Sullivan, Bluffton U.