Capítulo 1: La Ilustración en España e Hispanoamérica (siglo XVIII)

Andrés Bello (1781-1865)
"Oda a la vacuna" (1804)

[Andrés Bello nació en Caracas, Venezuela, el 29 de noviembre de 1781. Su vida se desarrolla en tres grandes escenarios: la Caracas de fines del siglo XVIII y principios del XIX, que fue una de las ciudades más cultas del imperio español en América; el Londres que estaba convirtiéndose en la capital de un nuevo imperio mundial; y finalmente Chile, donde realiza una gran parte de su obra. En sus años juveniles Bello fue apreciado como poeta dentro de los cánones del neoclasicismo en boga. Destaca en su producción su "Oda a la vacuna", que escribió como homenaje a la extensión de la vacunación contra la viruela por toda América durante el reinado de Carlos IV (1788-1808). El poema comienza con una apreciación de la conquista y colonización de América por los españoles, pasa a describir la invención de la vacuna por el médico inglés Edward Jenner, y finalmente alaba la creación de una expedición por el rey español para diseminar la vacuna en sus posesiones de ultramar.]

Oda a la vacuna

[…]

Muchas regiones, bajo los auspicios
españoles produce el hondo seno
del mar; y en breve tiempo, las adornan leyes, industrias, población, comercio.
Un pueblo inteligente y numeroso
el lugar ocupó de los desiertos,
y los vergeles de Pomona y Flora a
las zarzas incultas sucedieron.
No más allí con sanguinarios ritos
el nombre se ultrajó del Ser Supremo,
ni las inanimadas producciones
del cincel, le usurparon nuestro incienso;
con el nombre español, por todas partes,
la luz se difundió del evangelio,
y fue con los pendones de Castilla
la cruz plantada en el indiano suelo.
Parecía completa la grande obra
de la real ternura; en lisonjero
descanso, las nacientes poblaciones
bendecían la mano de su dueño,
cuando aquel fiero azote, aquella horrible
plaga exterminadora que, del centro
de la abrasada Etiopía transmitida,
funestó los confines europeos,
a las nuevas colonias trajo el llanto
y la desolación; en breve tiempo,
todo se daña y vicia; un gas impuro
la región misma inficionó del viento;
respirar no se pudo impunemente;
y este diáfano fluido en que elementos
de salud y existencia hallaron siempre
el hombre, el bruto, el ave y el insecto,
en cuyo seno bienhechor extrae
la planta misma diario nutrimento,
corrompióse, y en vez de dones tales,
nos trasmitió mortífero veneno.
Viéronse de repente señalados
de hedionda lepra los humanos cuerpos,
y las ciudades todas y los campos
de deformes cadáveres cubiertos.

[…]

Suprema Providencia, al fin llegaron
a tu morada los llorosos ecos
del hombre consternado, y levantaste
de su cerviz tu brazo justiciero;
admirable y pasmosa en tus recursos,
tú diste al hombre medicina, hiriendo
de contagiosa plaga los rebaños;
tú nos abriste manantiales nuevos
de salud en las llagas, y estampaste
en nuestra carne un milagroso sello
que las negras viruelas respetaron.
Jenner* es quien encuentra bajo el techo
de los pastores tan precioso hallazgo.
Él publicó gozoso al universo
la feliz nueva, y Carlos** distribuye
a la tierra la dádiva del cielo.
Carlos manda; y al punto una gloriosa
expedición difunde en sus inmensos
dominios el salubre beneficio
de aquel grande y feliz descubrimiento.

[…]

*Edward Jenner (1749-1823), médico británico que descubrió la vacuna para la viruela de vacas en 1796. Luego descubrió que la vacuna para la viruela de vacas también protegía contra la viruela humana.

**Carlos IV (1748-1819), rey de España de 1788 a 1808.