Poesía de la independencia
Una vez derrotados los ejércitos españoles, la primera tarea de los hombres públicos americanos fue crear un marco jurídico y administrativo para los nuevos estados. Pero además de crear un país, debían crear una nación, es decir, el sentimiento de pertenencia a la nueva patria. Para ello recurrieron a los modelos poéticos y artísticos de la época: el neoclasicismo. Al igual que ocurrió en Norteamérica, los recientes sucesos fueron vinculados a la antigüedad greco-romana, la cual se consideraba en el origen de la cultura occidental, tanto por su organización política (democracia), como por su arte. A comienzos del siglo XIX, las democracias americanas se presentaron como herederas de esta tradición.
El primer tema que trataron los artistas fue la propia revolución. La poesía de la independencia americana importa hoy menos por su valor literario que como documento de un momento crucial de la historia continental. Se trata generalmente de largos poemas, de estilo grandilocuente, sobre los episodios más gloriosos de la guerra. El más conocido es tal vez La victoria de Junín. Canto a Bolívar. (1825), del venezolano José Joaquín de Olmedo (Guayaquil, 1780-1845), de cuyos más de 900 versos se ofrece aquí una muestra.
"Victoria de Junín. Canto a Bolívar"
El trueno horrendo que en fragor revienta
y sordo retumbando se dilata
por la inflamada esfera, 3
al Dios anuncia que en el cielo impera.
Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta
la hispana muchedumbre 6
que, más feroz que nunca, amenazaba
a sangre y fuego, eterna servidumbre,
y el canto de victoria 9
que en ecos mil discurre, ensordeciendo
el hondo valle y la enriscada cumbre,
proclaman a Bolívar en la tierra 12
árbitro de la paz y de la guerra.
[...]
"Nosotros vimos de Junín el campo,
vimos que al desplegarse
del Perú y de Colombia las banderas, 42
se turban las legiones altaneras,
huye el español despavorido,
o pide paz rendido. 45
Venció Bolívar, el Perú fue libre,
y en triunfal pompa Libertad sagrada
en el templo del Sol fue colocada."48
[...]
yo me diré feliz si mereciere 900
por premio a mi osadía
una mirada tierna de las Gracias
y el aprecio y amor de mis hermanos, 903
una sonrisa de la Patria mía,
y el odio y el furor de los tiranos.
El otro tema de la poesía fue la inmensidad americana, sus riquezas naturales y las mejores formas de aprovecharlas. Muchos alentaban a los escritores americanos a dar cuenta de su territorio, como hizo en 1828 el argentino Juan Cruz Varela: "La poesía descriptiva no ha dado aún un sólo paso entre nosotros a pesar de que el suelo de la América parece que convida a los poetas a desplegar su genio en esta clase de composiciones. Una vegetación rápida y prodigiosa, un suelo siempre verde y florido, un clima dulce y templado, un cielo sereno y despejado, donde parece que el sol brilla con mayor ostentación, una cadena de montes, cuyas cimas propiamente se esconden en las nubes, y donde todo es grande, nuevo y prodigioso."
Uno de los que respondió a este llamado fue el político, pensador y gramático venezolano Andrés Bello (1781-1865), tal vez el más importante intelectual americano de su tiempo. Su obra poética, mucho menos importante que la política, lingüística y filosófica, incluye y La agricultura en la zona tórrida (1826), especie de proyecto social y económico en verso para los países nacientes, y la Alocución a la poesía (1823), donde sostiene que el Nuevo Mundo será la cuna de una nueva cultura, más próxima a la naturaleza.
"Alocución a la Poesía"
(Fragmentos de un poema titulado "América"*)
Divina Poesía,
tú de la soledad habitadora,
a consultar tus cantos enseñada 3
con el silencio de la selva umbría,
tú a quien la verde gruta fue morada,
y el eco de los montes compañía; 6
tiempo es que dejes ya la culta Europa,
que tu nativa rustiquez desama,
y dirijas el vuelo adonde te abre 9
el mundo de Colón su grande escena.


